Pandemia ahonda desigualdades preexistentes de mayor fragilidad de la protección social
P R O N U N C I A M I E N T O
Pandemia ahonda las desigualdades preexistentes que son parte de la cadena de mayor fragilidad de la protección social
La pandemia de COVID-19 nos ha ubicado ante un desafío global humanitario sin precedentes, que afecta a todas las comunidades de nuestro país y del mundo. La pandemia está causando que la vida diaria de las personas, los sistemas educativos, sanitarios, laborales, económicos y financieros tengan cambios drásticos, determinando muchos de los aspectos de la salud y la vida.
Las comunidades y poblaciones que interactúan con las actividades extractivas se encuentran en mayor riesgo a ser afectadas con fuerza por COVID-19; ya sea, por el movimiento de personas extrañas en sus territorios, como por tener su residencia en zonas de contaminación ambiental con pasivos ambientales mineros, petroleros, sitios impactados, aguas no aptas para el consumo humano; muchas de ellas presentan mayores condiciones de vulnerabilidad por su situación de pobreza y afectación de otros marcadores sociales como raza, clase, etnia, distanciamiento geográfico o edad, entre otros.
Son poblaciones que siguen olvidadas en este contexto de COVID-19, en el que se evidencia la amenaza de fractura y colapso social, que a su vez desnudan las desigualdades sociales.
En este contexto, la Plataforma por la Salud Ambiental y Humana – Región Junín, constituida por organizaciones sociales y personas emergidas de familias poco reconocidas y muchas veces invisibilizadas, sobre todo en estos momentos de crisis, que han agudizado su situación de vulnerabilidad a las enfermedades propia de este sistema, nos pronunciamos ante la población en general y las autoridades locales y regional, en lo siguiente:
Que, estamos en la necesidad de pasar del confinamiento estricto a un confinamiento focalizado; para lo cual, es crítico mejorar la capacidad de testeo, el rastreo de contactos, y la capacidad de respuesta del sistema sanitario. Estos son, después del confinamiento universal, los retos más urgentes para nuestra región Junín.
Que, alentamos a la población a adoptar y mantener nuevas formas de vida como el distanciamiento físico para proteger la salud y la seguridad de las familias; la promoción de los hábitos de higiene y saneamiento de acuerdo a las indicaciones de las autoridades sanitarias y el diálogo entre los miembros de la familia (padres, madres, niños, jóvenes y mayores) para aclarar y buscar soluciones consensuadas familiares y comunitarias.
Que, ante la débil intervención estatal con respuestas fragmentadas y parciales en los temas de salud de estas poblaciones, es necesario que las autoridades sub- nacionales y nacional tomen las mejores decisiones políticas y económicas para implementar el Programa Nacional y Regional de Salud Integral, que comprenda con centralidad la promoción y prevención, que involucre con prioridad la salud ambiental y humana.
Para los que exhortamos:
· Ampliar y mejorar los planes regionales orientados a la salud integral de la Región, dando mayor importancia a la salud pública y al incremento de partidas presupuestales para evitar la muerte de muchas personas, en su mayoría pobres.
· Proporcionar las condiciones para la participación activa de las comunidades y organizaciones sociales en colaboración con las estructuras del gobierno local, con vista a prestar servicios de voluntariado en salud para el acompañamiento social y emocional.
· Visibilizar y brindar buena respuesta a las demandas y brechas de atención sanitaria integral a las familias que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad por haberse sometido a espacios de contaminación ambiental por metales pesados y otras sustancias tóxicas, especialmente, en zonas de actividades extractivas.
· Identificar y atender de manera prioritaria a las personas que ya han venido sufriendo enfermedades crónicas como: tuberculosis, cáncer, diabetes, enfermedades cardiacas, independientemente que se encuentren en el Sistema de Focalización de Hogares (SISFHO) como pobres extremos o pobres, por la naturaleza de pacientes con enfermedad crónica y vulnerabilidad social.
· Garantizar la protección social de las familias, frente al COVID-19 y la exposición a metales pesados o focos de contaminación ambiental, desplegando los mayores esfuerzos en la apertura masiva de servicios ambulatorios comunitarios, dejando de concentrarse sólo en el tratamiento clínico y los ventiladores.
Finalmente, insistimos en la importancia y urgencia de la implementación y/o fortalecimiento del modelo de atención primaria de la salud, con participación de actores sociales de la comunidad, articulado a los centros de salud especializados y telesalud, para descentralizar la atención hacia las localidades y liberarnos del modelo hospitalocéntrico imperante. Esta enfermedad que es global, se para con una respuesta regional, desde el territorio y la contribución de cada una de las personas.