«El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la DSI»
(Ecuador) La actividad cerró la jornada del Papa Francisco en Santa Cruz de la Sierra, el pasado jueves, fue su participación en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, organizado en colaboración con el Pontificio Consejo Justicia y Paz y la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales al que asisten delegados de los movimientos populares de todo el mundo: trabajadores precarios y de la economía informal, campesinos sin tierras, “villeros” (habitantes de los barrios pobres), indígenas, inmigrantes, además de representantes de movimientos sociales.
En su discurso, el Papa agradeció a Dios que pueda estar reunido con ellos. Dijo que la Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo. También indicó que las tres “t”, tierra, techo y trabajo “son derechos sagrados”. “Vale la pena, luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra”, dijo.
El Pontífice resaltó que es necesitamos un cambio, pues a través de cartas y encuentros conoce las injusticias que sufren los más necesitados. “Si esto es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras.
Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco”.
“Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Ustedes saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio podríamos decir redentor. Porque lo necesitamos. (…) La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es “el estiércol del diablo”. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y madre tierra”, señaló.
El Pontífice resaltó que los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se rebela contra la injusticia social. Por ello, les pidió tener siempre en el corazón a la Virgen María, “una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia Yo rezo a la Virgen María, tan venerada por el pueblo boliviano se confía con fervor, para que permita que este encuentro nuestro sea fermento de cambio”.
Agregó la primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: “Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos no a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra. La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un ‘decoroso sustento’. (…)
Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social”, dijo.
En su discurso, el Pontífice señaló que la más importante tarea que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra. “La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un grave pecado. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otras las cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses que son globales pero no universales se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a exigir pacifica pero tenazmente la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra, exclamó.
Finalmente, el Papa Francisco dijo que el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos; en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. “Los acompaño. Digamos juntos Y cada uno, repitámonos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra. Créanme, y soy sincero, de corazón les digo: rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza”, concluyó.