Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón: CEAS cumple 50 aóos
El 11 de marzo, la Comisión Episcopal de Acción Social, CEAS, como es conocida, cumple 50 años de servicio a la Iglesia y al pueblo peruano. Fue creada el 11 de marzo de 1965, en el contexto del gran acontecimiento renovador de la Iglesia: el Concilio ecuménico Vaticano II, cónclave convocado por San Juan XXIII, en ese entonces pastor de edad avanzada y de proyección profética, para quien la Iglesia necesitaba un gran cambio, una profundización en las fuentes evangélicas y atenta a responder a los nuevos signos de los tiempos, a los desafíos propios del mundo moderno. El Papa bueno falleció antes de ver los frutos conciliares, su obra la continúo otro gran pastor: el Beato Paulo VI, quien fue el encargado de la clausura del Concilio en 1965.
Notables documentos conciliares siguen marcando el rumbo de la Iglesia hoy, estremecida por el esperanzador testimonio del Papa Francisco; CEAS, se crea el año en que se promulga la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo, la “Gaudium et Spes”, que en su primer número dice: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (G.S. n.1) Este es el camino que ha venido recorriendo CEAS desde sus orígenes, pues nada de lo humano le ha sido ajeno y por eso celebra sus primeros 50 años de servicio al Perú de todas las sangres.
Desde siempre y con esos antecedentes, CEAS ha sido el espacio de escucha y lugar de encuentro de los agentes pastorales que participan en la pastoral social de sus jurisdicciones, también el lugar desde donde se promovieron importantes iniciativas de los movimientos sociales, siempre desde la inspiración del Evangelio y el Magisterio de la Iglesia. Los procesos formativos desde la Doctrina Social de la Iglesia, la publicación de versiones populares de los documentos del Magisterio, sus diversos servicios de atención y acogida, han sido las fortalezas de la Comisión. La atención dedicada a todo hijo e hija de Dios vulnerados en sus derechos siempre fue la opción vital del trabajo realizado.
La pastoral en el contexto del campo, en el de la minería, la conflictividad social, los despedidos por las luchas sindicales, la recuperación de la memoria histórica, la defensa de la vida en el contexto del conflicto armado interno, las reconstrucciones después de las catástrofes y la promoción de una espiritualidad atenta a los signos de los tiempos, todo ello es parte de nuestro “patrimonio” pastoral.
Contamos con dos secciones operativas: La “Pastoral de los Derechos Humanos, Construcción de Paz y Justicia Penal y Penitenciaria”, y la “Pastoral del Cuidado de los Bienes de la Creación, Economía Solidaria y Democracia Participativa” las mismas que abarcan programas específicos que comparten este gran objetivo de defender y promover los derechos humanos universales, indivisibles, inalienables e inviolables de todas las personas sin excepción. Como sección transversal, la de “Doctrina Social de la Iglesia”.
Se ha actuado en contextos de dictadura militar, de violación sistemática de los derechos humanos, de despidos masivos, como en 1977 y a quienes hubo que atender, lo mismo que los afectados por el terremoto de 1970 y 2007, y también a los que fueron afectados por el conflicto armado interno llevado a cabo por movimientos violentistas que sembraron caos y terror.
Si hay algo que nos desafía, es el cuidado de cada persona, de la casa común, nuestro ambiente y planeta. Hemos sido testigos de la formación de equipos de pastoral de derechos humanos a lo largo de estos años, de la atención a las cárceles y las personas privadas de libertad, vimos el nacimiento de oficinas de Iglesia dedicadas a esta labor, como por ejemplo la de Chimbote en 1977, guardamos el vivo recuerdo de Pilar Coll, dirigiendo el equipo de Dignidad humana, antes de dedicarse de lleno al acompañamiento a personas encarceladas. CEAS ha sido una escuela de formación en derechos humanos, desde sus cursos para magistrados y jueces, su cercanía con los territorios eclesiásticos de todo el Perú y América Latina, respondiendo a imperativos como el recojo de firmas para la condonación de la injusta deuda externa de los países empobrecidos, con motivo del Jubileo.
Un libro central en la experiencia de CEAS, ha sido «Fe Cristiana y compromiso social» (1981), que nos plantea elementos claves para entender el compromiso de los laicos en temas tan relevantes como la violencia, la desigualdad social, la marginación. .
En CEAS aprendimos a rezar con los que sufren y ello nos inspiró en las jornadas de ayuno y oración que luego se extendieron por todo el país. Vimos caer a nuestros mártires de la Iglesia peruana de los tiempos actuales que después de muchos años son elevados a los altares por su compromiso profundamente evangélico, ahí están los conventuales de Pariacoto, así como la hermana “Aguchita” e Irene Mc Cormack, asesinados todos por Sendero Luminoso.
El mayor deslinde con la violencia ha sido la fidelidad en el servicio a las víctimas, tarea que mantenemos hasta hoy. Si bien son nuevos los temas que nos preocupan, la realidad de los pueblos indígenas, amazónicas, después del “baguazo”, nos hacen ver que CEAS aún tiene mucho que compartir con esta experiencia de medio siglo vital.
Vamos a celebrar del 11 al 13 de marzo con la XII Semana Social Nacional, cuyo tema será: “Diálogo para la inclusión social y la construcción de la paz en el Perú”, a realizarse en el auditorio del Colegio de Jesús, ubicado en la cuadra 24 de la avenida Brasil en Pueblo Libre. Simultáneamente tendremos tres encuentros nacionales que reunirán a agentes pastorales de cárceles, derechos humanos y cuidado de los bienes de la creación y un plenario general. Se trata de evaluar, volver a preguntarnos por nuestro quehacer y trazar pistas nuevas para responder a los desafíos de estos nuevos tiempos en el Perú y el mundo.