Carta del Consejo Interreligioso del Perú-Religiones por la Paz, debido a pandemia del coronavirus
CARTA AL PERÚ
“No temerás la peste que avanza en las tinieblas.
Ni la plaga que habita a pleno día” (Salmo 91, 5)
Desde el Consejo Interreligioso del Perú-Religiones por la Paz unimos nuestra palabra y nuestra solidaridad con los hermanos y hermanas de las diversas Comunidades de Fe que integran este espacio de cooperación y diálogo para expresar nuestras sentidas condolencias a los familiares de las víctimas causadas por el Coronavirus y nuestras oraciones por la pronta recuperación de las personas afectadas.
Esta pandemia es la prueba que nos obliga a cuestionar los principios del orden económico actual: la acumulación ilimitada, la competencia, el individualismo, la indiferencia, el consumismo desenfrenado, que han ido generando, en especial en las últimas décadas, desigualdad y miseria para millones de seres humanos. América Latina sigue siendo la región más desigual del planeta.
Esta situación nos obliga a volver a lo fundamental y a preguntarnos por el tipo de relación que hemos construido: nuestra relación con Dios, “en quien vivimos, nos movemos y existimos” (Hch, 17, 28) origen y fin de todo lo creado; las relaciones entre nosotros mismos, con nuestros semejantes y nuestra relación con la Madre naturaleza, pobre entre los pobres, depredada, contaminada y vejada, lugar de lucro y ganancia para unos cuantos, esta Madre ya no da más, debemos escuchar su clamor, pedirle perdón y construir con ella una nueva relación de cuidado y protección.
Lo que nos puede salvar hoy, no es el libre mercado, sino el nuevo paradigma del cuidado mutuo y recíproco. Los valores de nuestras tradiciones religiosas nos desafían a un renovado servicio y solidaridad. Estamos en uno de esos momentos de adversidad en los que nos toca confiar y orar por:
– El accionar de nuestras autoridades, que han puesto a los peruanos y peruanas en primer lugar, y nos convocan a la solidaridad para vencer la pandemia.
– Los millares de trabajadores sanitarios de los organismos públicos, que se han abocado a un servicio que va más allá del propio deber.
– Las personas de todas las edades que trabajan incansable y solidariamente por un mundo más humano y sostenible.
– Nuestros Pueblos Originarios que han guardado nuestros bosques hasta ahora y se esfuerzan cada día por un planeta sostenible para todos y para las generaciones futuras.
– Las comunidades de fe, qué pese a las medidas restrictivas de libre tránsito, están dando esperanza y haciendo llegar ayuda a los refugiados y migrantes, y a otros grupos empobrecidos. Es el tiempo para volver a la Regla de Oro, “hacer a tu hermano-hermana, lo que te gustaría te hicieran a ti”.
Vivimos tiempos complejos, duros, e inéditos que han puesto nuestro planeta en situación de alerta. Y nos exige ser cada vez más humanos, más solidarios y asumir como imperativo ético lo que señala la Carta de la Tierra: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo […] Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida”.
Hermanos y hermanas, este es también un tiempo para la oración, por ello, les invitamos a orar sin descanso. Dios siempre escucha la oración de sus fieles, más aún, si todos juntos y según nuestras propias tradiciones clamamos por el don de la salud a ese Dios creador que está disponible en medio de la tormenta. Pidamos sabiduría para ser canales de comunicación de esas buenas noticias y llevemos esperanza porque hay un Dios que sostiene todas las cosas en sus manos. Él está presente, no está callado y nos convoca permanentemente a la solidaridad.
Lima, 27 de marzo de 2020.