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  • “En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin ‘filtros clericales’ el Rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su Rostro, en pastores de esperanza”, es el aliento del Papa Francisco en su Mensaje a los Obispos y Pastores del Consejo Episcopal Latinoamericano, reunidos con ocasión de la XXXVI Asamblea General Ordinaria del CELAM, que se viene realizando en San Salvador, El Salvador, del 9 al 12 de mayo.
     
    La Asamblea General del Episcopado Latinoamericano cuenta con la participación de los representantes de las 22 Conferencias Episcopales y representantes de los Obispos de Canadá y Estados Unidos que fueron invitados a participar en la Asamblea que tiene como lema: “Iglesia pobre para los pobres”.
     
    En su Mensaje, el Papa Francisco manifiesta su cercanía a los Pastores Latinoamericanos: “Con Ustedes – señala – me gustaría poder ‘visitar’ el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida. Una visita de hijos y de discípulos, visita de hermanos que como Moisés quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo”. 
     
    El Obispo de Roma recordando que, hace 300 años un grupo de pescadores salió como de costumbre a tirar sus redes, es decir, “salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos”. Era Nuestra Señora de la Concepción. “Aún hoy 300 años después, Nuestra Señora Aparecida nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular”. En este sentido, Aparecida es una escuela de discipulado, en la que destacan tres imágenes importantes:
     
    Los pescadores que enfrentan inclemencias: la Corrupción
     
    El primero son los pescadores. “Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del rio y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa tozudez de quienes día a día no dejan - porque no pueden, afirma el Papa - de tirar las redes”. 
     
    Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida – precisa el Pontífice – y lo hacen con la inseguridad de no saber cuál será el resultado. Y lo que más duele es ver que salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupción, esa corrupción que arrasa con vidas sumergiéndolas en la más extrema pobreza. 
     
    Corrupción que destruye poblaciones enteras sometiéndolas a la precariedad. Corrupción que, como un cáncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ahí están tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los “desbordes” de muchos... de muchos que no necesitan salir.
     
    La Madre en medio de las luchas y búsquedas
     
    El segundo aspecto es la Madre, afirma el Papa Francisco. María conoce de primera mano la vida de sus hijos. “En el relato de Aparecida la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ahí espera a sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza”. 
     
    María aparece allí – señala el Papa – donde los pescadores tiran las redes, allí donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ahí está ella.
     
    El encuentro: presencia que llena y da sentido a la vida
     
    Por último, precisa el Pontífice, el encuentro. “Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llenó la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con María – subraya el Papa – luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneció un buen tiempo”. 
     
    Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la región iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, se hizo Iglesia afirma el Pontífice. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad.
     
    Esto ayudará a revelar la dimensión misericordiosa de la maternidad de la Iglesia – concluye el Papa Francisco – que, al ejemplo de Aparecida, está entre los “ríos y el fango de la historia” acompañando y alentando la esperanza para que cada persona, allí donde esté, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado.
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